El Juego de Sombras

En la nocz fria, cuando la niebla baja cubre las calles vacias i las luces de la ciudad parpadean como ojos cansados, existe un lugar que pocos conocen. Detras del domu viejo, escondido entre muros rotos i arboles muertos, se encuentra un kortu de tenis. No es un lugar para deporte normal. Es un lugar donde se decide poder, deuda… i destino.

Esta nocz, como muchas antes, el silencio pesa mas que el aire.

Un grupo de criminales llega uno por uno, sin palabras, sin saludos. Ellos no necesitan hablar. Cada uno sabe porque esta aqui.

Primero llega Roderik.

El jefe.

Alto, delgado, con ojos frios como hielo. Jo camina lento, pero cada paso suena como orden. Lleva una raketa negra, sin marca, vieja pero peligrosa. Dicen que nunca pierde. Dicen que cada partido suyo termina con alguien desaparecido.

Jo mira el kortu i respira profundo.

“Hoy… termina algo,” murmura.

Despues aparece Katarzyna.

La mujer que nadie confia, pero todos respetan. Su cabello oscuro cae sobre sus ojos, pero su sonrisa siempre se ve—una sonrisa que promete problemas. Lleva guantes negros i una raketa blanca, limpia, casi elegante.

“Siempre dices lo mismo, Roderik,” responde ella. “Pero hoy… creo que tienes razon.”

Detras de ellos, otros observan.

Entre ellos esta Diego.

Joven, nervioso, nuevo en este mundo. Jo no deberia estar aqui, pero alguien le dijo que mirar es aprender. I en este juego… aprender puede salvar vida.

“Jo… no entiendo,” susurra Diego a un hombre viejo al lado suyo.

El viejo no lo mira. Solo dice:
“Entonces mejor no entiendas.”

La niebla se mueve.

El juego empieza.


Roderik toma posicion.

Katarzyna tambien.

No hay juez. No hay reglas escritas. Solo una ley: ganar.

Roderik lanza la pelota al aire.

Por un momento, todo se detiene.

La pelota brilla bajo la luz debil.

I entonces—

¡PUM!

El primer golpe rompe el silencio.

La pelota vuela rapido, cortando el aire como cuchillo. Katarzyna responde sin dudar.

¡CZAK!

El sonido es seco, violento.

No es tenis normal.

Es guerra.


El intercambio crece.

Golpe tras golpe.

Rapido. Preciso. Brutal.

Cada movimiento es calculado. Cada error puede costar caro.

Diego mira sin parpadear.

“Es imposible…” dice.

El viejo responde:
“No. Es necesario.”

Roderik ataca fuerte, buscando terminar rapido. Katarzyna defiende, pero sus ojos brillan—ella no esta perdiendo. Ella espera.

Siempre espera.


“Sigues igual,” dice Katarzyna mientras devuelve un golpe imposible.
“Fuerte… pero predecible.”

Roderik sonríe.

“Y tu sigues jugando con fuego.”

“Jo soy el fuego,” responde ella.

¡PUM! ¡CZAK! ¡PUM!

La pelota golpea la linea.

Nadie canta fuera.

Aqui, la linea es decision.


El viento aumenta.

La niebla entra al kortu.

Las figuras se vuelven sombras.

Diego siente frio.

No solo por el clima.

Algo esta mal.


Despues de muchos puntos, Roderik gana uno decisivo.

Jo levanta la mano.

“Match point,” dice.

Silencio total.

Todos saben lo que significa.

Katarzyna respira lento.

“Finalmente.”


Roderik lanza la pelota.

Golpea.

Perfecto.

Katarzyna corre.

Llega.

Salta.

Golpea—

¡CZAK!

La pelota toca la linea.

Silencio.

Largo.

Pesado.


“Ganaste…” dice Roderik, bajando la cabeza.

Pero su voz no suena derrotada.

Suena… vacia.

Katarzyna camina hacia la red.

“Claro que gane.”

Ella se acerca mas.

Demasiado cerca.

Diego siente algo raro.

Muy raro.


Entonces—

Roderik levanta la cabeza.

Sonríe.

Pero no es sonrisa normal.

Es… incorrecta.

“Ahora empieza el juego real,” dice.


Antes que alguien reaccione—

Luces.

Fuertes.

Blancas.

Desde todos lados.

El kortu se ilumina completamente.

La niebla desaparece.

I lo que se ve… cambia todo.


No estan solos.

Nunca estuvieron solos.

Alrededor del kortu hay camaras.

Armas.

Personas con uniformes.

Policia.


Diego se queda sin aire.

“No… no… esto no…”

El viejo a su lado… ya no esta.


Una voz suena por altavoz:

“Operacion completada. Todos los objetivos identificados.”


Katarzyna no se mueve.

Solo mira a Roderik.

“¿Desde cuando?” pregunta.

Roderik gira la raketa en su mano.

“Desde siempre.”


Los criminales entran en panico.

Algunos intentan correr.

Otros sacan armas.

Pero es tarde.

Demasiado tarde.


La policia entra.

Gritos.

Luces.

Confusion.

Pero en medio de todo—

Roderik i Katarzyna siguen en el kortu.

Quietos.

Como si todo lo demas no importa.


“Entonces,” dice Katarzyna, “esto era trampa.”

“No,” responde Roderik. “Era seleccion.”


Diego cae al suelo.

Su cabeza gira.

No entiende.

Nada tiene sentido.


“Tu trajiste todos aqui,” dice Katarzyna.
“Para entregarlos.”

“Para probarlos,” corrige Roderik.


“¿Probar?” pregunta ella.

Roderik se acerca.

“Solo los mejores sobreviven al juego.”


Un disparo suena.

Lejos.

Pero suficiente para romper el momento.


Katarzyna sonríe otra vez.

“Entonces… ¿yo gano?”

Roderik la mira.

Largo.

Frio.


“Eso depende,” dice.


De repente—

Otro grupo entra.

No policia.

Mas silenciosos.

Mas peligrosos.


Uniformes sin marca.

Caras sin expresion.


Uno de ellos habla:

“Objetivo principal confirmado.”


Diego mira.

Y entiende.

Demasiado tarde.


La policia… no esta a cargo.

Nunca lo estuvo.


Katarzyna susurra:

“Que es esto…”


Roderik responde:

“Un juego mas grande.”


Los nuevos hombres rodean el kortu.

La policia baja armas.

Confusion total.


“Ustedes tambien…” dice un policia.

Pero nadie responde.


El lider de los hombres sin marca levanta la mano.

Todo se detiene.


“Solo uno es necesario,” dice.


Silencio.


Katarzyna mira a Roderik.

“Me usaste.”

Roderik niega.

“Nos usaron.”


El lider apunta.

No a Katarzyna.

No a los criminales.


A Roderik.


Diego grita:

“¡No!”

Pero nadie escucha.


Roderik no se mueve.

No corre.

No lucha.


Solo sonríe.


“Ahora entiendes,” dice a Katarzyna.


Ella da un paso atras.

Por primera vez—

Tiene miedo.


“Tu sabias,” dice.


Roderik asiente.

“Jo siempre sabia.”


“Entonces porque jugar…” susurra ella.


Roderik mira el kortu.

La red.

La pelota.


“Porque el juego… es lo unico real.”


El disparo suena.


Roderik cae.


Silencio total.


Nadie se mueve.


El lider baja el arma.

Mira a Katarzyna.


“Tu turno.”


Ella aprieta la raketa.

Fuerte.


“¿Para que?” pregunta.


El lider responde:

“Para continuar.”


Diego tiembla.

“No… no… esto no termina…”


El lider gira hacia el.

“Correcto.”


Los hombres lo agarran.


“Tu miraste,” dice el lider.
“Tu aprendiste.”


Diego llora.

“Jo no quiero…”


“Eso no importa.”


Katarzyna mira la escena.

Luego mira la raketa.

Luego el kortu.


Respira.


Y entra en posicion.


El lider lanza una nueva pelota.


“Juega,” ordena.


Diego es empujado al otro lado.

Una raketa cae a sus pies.


“Levanta,” dice una voz.


Diego la toma.

Sus manos tiemblan.


Katarzyna lo mira.

No con odio.

No con rabia.


Con tristeza.


“Ahora entiendes,” dice ella.


Diego susurra:

“El juego…”


Ella completa:

“…nunca termina.”


La pelota sube en el aire.


La nocz vuelve a ser silenciosa.


Y el nuevo partido empieza.


¡PUM!


Pero esta vez—

No hay espectadores.


Solo jugadores.


Y algo mas oscuro, mirando desde la sombra.


Algo que nunca pierde.


Y nunca deja ir.


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